Les convengo, luego existo.

La mayoría de la gente cree que química se trata de saber los nombres de los elementos, los compuestos, y por supuesto, la tabla periódica. Nada más alejado de la realidad. O como dijo Wolfgang Pauli en alguna ocasión: “eso no está ni siquiera equivocado”.

Para darle correcta dimensión, empecemos con una analogía. En el juego de ajedrez tienes un número limitado de piezas (32) y un número determinado de reglas (el alfil se mueve así, la torre asá, el caballo en “ele”…) y a pesar de sus límites, la cantidad de jugadas posibles es básicamente infinita.

En química es igual, posibilidades infinitas con un número limitado de átomos y reglas. Son 92 los elementos que ocurren de manera natural, pero de hecho son básicamente unos 50 los que conforman todo lo que nos rodea; así que el resto, para fines prácticos no participa. Y las preguntas obligadas son entonces: ¿Cómo pasas de 50 átomos a seres que caminan, piensan y escriben? ¿Cuáles son las reglas? ¿De dónde sale toda esta compleja diversidad que nos rodea? ¿Qué es lo que hace que los átomos empiecen a agruparse hasta formar moléculas de miles, cientos de miles y hasta millones de ellos? ¿Por qué se atraen unos a otros? ¿Cuál es el propósito? ¿En qué momento los trillones de átomos que me hacen “yo” decidieron “hacerme yo”? ¿Mis átomos se organizaron porque hay un propósito, o porque siguen simples reglas?

Un día voy a morir y los microbios llevarán a cabo la poco honrosa pero indispensable tarea de convertirme en moléculas menos complejas que serán aprovechadas para producir otras cosas. Me van a deconstruir porque todos mis átomos son reciclados y la naturaleza los necesita de regreso para seguir su curso. Algunos de ellos fueron creados poco después del big bang y otros en el centro de una estrella, pero antes de “hacerme yo” formaron parte de muchísimas otras cosas y seres diferentes. Yo tengo sentimientos muy personales hacia cada uno de ellos y estoy enormemente agradecido que se hayan organizado de esta forma, pero para ellos mi existencia es completamente irrelevante. Mis átomos no piensan ni deciden, no tienen edad ni les importa, no tienen sentimientos ni memoria; simplemente siguen las reglas del juego una y otra vez, de manera consistente y repetitiva por miles de millones de años.

Y aunque pueda parecer lo contrario, las reglas del juego atómico son muy simples, básicas, primitivas e inviolables. Hay muchas, pero tampoco tantas y aquí me quiero enfocar de manera general en la más elemental de todas. Si dos átomos se unen espontáneamente es porque las reglas del juego los empujan y no tienen mucha opción que digamos. Veamos porqué usando el ejemplo más sencillo, pero antes le pido al público más conocedor y experto que me permita dejar fuera algunos detalles porque este no es un paper, sino un humilde blog. Veamos pues:

H + H —-> H2

Aquí, dos hidrógenos se juntan para formar la molécula de Hy lo hacen porque les conviene, así de simple. Se combinan porque energéticamente les es favorable, como se puede apreciar en la siguiente gráfica:

Energía

La línea roja indica la trayectoria que sigue ese par en el proceso de convertirse en molécula de hidrógeno. En suma, la pareja  ya combinada tiene menos energía que cuando están separados.  Sencillo, menos energía, esa es la razón. Si dos átomos de hidrógeno se encuentran, te lo juro, mi querido lector, inevitablemente se unirán. Y la verdad es que eso lo sabemos todos de manera intuitiva, porque el agua siempre fluye libremente hacia abajo, de hecho hasta que llega a lo más bajo, el mar, ¿correcto? Y así es como funciona el universo en buena medida, de bajada, en donde lo que sea más fácil es lo que va a ocurrir. ¿Hace completo sentido, no?

Y en la misma gráfica, si uno quisiera separar la pareja de hidrógenos, tendría que meterle energía porque es de subida. De nuevo, un principio sencillo que dominamos intuitivamente, no necesitas hacer nada para bajar una colina en bicicleta, pero sí necesitas mucho para subirla. Y entonces el universo es eso, una gigantesca suma de reacciones químicas de bajada y subida. Las de bajada suceden solas, las de subida necesitan energía y lo que implica disminuir el nivel de energía es lo que tiende a ocurrir con mucha mayor frecuencia.

¿Acaso soy entonces la bajada de los átomos que me forman? ¿Significa eso que están conmigo porque no tuvieron otra alternativa más que caer?

Así es. Uno a uno llegaron aquí por medio de una reacción química, en medio del único proceso para existir: deconstrucción y reconstrucción. Cuando comemos, en el estómago partimos los alimentos en moléculas pequeñas que por medio del intestino se absorben en la sangre y las células ensamblan esos bloques nuevamente para hacer “más yo” justo como en la reacción de arriba, en donde lo que menos energía implique es lo que va a suceder.

Realmente, para ninguno de mis átomos fue opcional estar aquí. Llegaron en los alimentos y en el aire que respiro y se quedaron pegados a alguna parte de mi cuerpo porque fue lo más energéticamente favorable. En general soy el estado de energía más bajo que pueden tener en este momento y ese hecho, por increíble que parezca, es lo único que los mantiene aquí. Les convengo, luego existo.

Pero al mismo tiempo, todos son parte de mi porque en esa sopa de reacciones químicas que somos, en esa combinación específica y en ese preciso momento, fue inevitable quedarse. Existimos por la suma de trillones de hechos inevitables y eso no puede ser mas que poesía.

Y de eso se trata química… de entender las reglas que hacen todo esto inevitable.

¿Cuáles son las reglas?

 

Juan Valles

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Agua: todo el mundo sabe… pero nadie sabe.

El 60% del cuerpo humano es agua. Somos sopas que caminan y piensan. El planeta, las plantas, los animales, todo lo que nos importa y todo lo fundamental es ella. Todo es agua.

Todos saben que es líquida, pero muy pocas personas en todo el mundo saben porqué es líquida. Todos saben que el hielo flota, pero son unos cuantos los privilegiados que pueden explicar cómo es que flota.

Y para todos es bella, pero son contados los que saben que la verdadera elegancia está en su arquitectura molecular; la que hace que todo lo que conocemos de ella se pueda explicar. Cuando termines este post, mi querido lector, serás uno de esos pocos privilegiados que beben agua de manera diferente. Bienvenido.

Veamos pues, esta es la famosa H2O:

Un átomo de oxígeno, conectado con 2 de hidrógeno a los lados. Simple, aparentemente no hay nada especial, pero he aquí la magia: como sabemos, una manera de imaginar un átomo es como si fuera un sistema solar, en donde el núcleo está en el centro y alrededor giran los electrones. Es algo así como esto:

La verdad es que los electrones no están así de organizados, es más, son todo lo contrario, pero la imagen de “sistema solar” ayuda a entender y lo importante en este caso es que al moverse tienden a estar más cerca del oxígeno que de los hidrógenos. Y como los electrones tienen carga negativa, eso provoca que la molécula sea ligeramente más negativa hacia el centro y más positiva hacia los lados, es decir, se forma un “casi” polo negativo y un par de “casi” polos positivos. O mejor dicho, se forma una zona positiva y una negativa.

¿Y que pasa cuando hay cargas positivas y negativas? Pues mira este video y luego seguimos platicando, viene lo bueno.

http://www.youtube.com/watch?v=aH2IbYs_XjY

El hidrógeno y el oxígeno son gases y en teoría, el agua también debería serlo a temperatura ambiente, pero no lo es porque cada molécula de agua está interactuando con otras. Esas interacciones las mantienen “ocupadas” y evitan que se “escapen”, como sucede en el estado gaseoso. Es como ir caminando por el patio de una escuela en el recreo, ves grupos de niños, uno aquí, el otro allá, etc. y sabes que en cada uno de ellos,  los chavos están juntos porque están interactuando.

Ciertamente, los puentes de hidrógeno en el agua se forman sólo por un instante, pero se están creando y destruyendo por trillones cada segundo y en promedio, cada molécula está constantemente conectada como a otras 3. Imagínate que cada una es como un imán microscópico, que momentáneamente es atraído por el polo opuesto de un vecino y se mueve, pero al mismo tiempo otro vecino lo repele porque los polos de contacto son iguales, el de arriba también lo rechaza y el que viene subiendo a gran velocidad mueve todo y la dinámica cambia, etc. Ahora multiplica eso por trillones en 3 dimensiones y eso es lo que está pasando en un vaso de agua que se ve así nada más, tranquilo y apacible.

El agua es líquida porque hay un ¡¡enorme y caótico frenesí conspirando para que así sea!! La siguiente ocasión que la bebas no podrás evitar pensar en todos los trillones de interacciones que estás rompiendo al hacer que fluya por tu paladar. Ya me dio sed, ahorita vengo.

Es por eso que toma tanto tiempo calentarla; se va una gran cantidad de energía en romper todos esos enlaces para que pueda hervir y evaporarse. De manera general, si quieres romper todos los puentes de hidrógeno que hay en un litro de esta sustancia vital, necesitas más o menos las calorías que hay en un Gansito Marinela. ¡Es un montón de energía! Moraleja: toma mucha agua para que todos los pastelillos que te comes de postre se gasten en mantenerla líquida. Fantástico.

Por otro lado, el hielo es un sólido que, como todos los otros, debería pesar más que el líquido, y sin embargo es al contrario y flota porque la red tridimensional que forman todos esos enlaces provoca que haya más espacio entre las moléculas, es decir menor densidad. Como se aprecia en la siguiente imagen, en el agua líquida las interacciones suceden de manera aleatoria, pero conforme va disminuyendo la temperatura y las moléculas se acercan unas con otras, los puentes se empiezan a formar de manera muy regular y eso causa la expansión. La clásica lata de refresco que a todos se nos ha reventado al ponerla en el congelador, no es más que el resultado de trillones de puentes de hidrógeno, que por simple atracción y repulsión de cargas, se van organizando en hexágonos regulares y van ganando espacio hasta que parten el metal. Increíble.

La naturaleza es bella y elegante hasta en la sustancia más simple y común. Y es la fantástica arquitectura molecular del agua la que hace todo este mundo posible, incluso las proteínas y el mismísimo ADN se forman con puentes de hidrógeno. La vida existe precisamente por ese caótico frenesí de instantáneas interacciones.

Todo el mundo sabe que el agua es vital, pero son muy pocos los que comprenden que la vida cuelga de un minúsculo hilito… La vida pende, de un puente de hidrógeno.

Todo el mundo sabe que un copo de nieve siempre tiene esa bellísima simetría hexagonal, pero son sólo un puñado los enamorados que entienden que es así… porque no puede ser de otra manera.

Maravilloso.

 

Juan Valles.

Si te interesa leer más sobre la curiosa vida de los átomos, te recomiendo: No te imaginas de lo que estamos hechos y Dios no creó los átomos

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Aquí, celebrando lo casual.

Hoy celebramos la casualidad. Es fin e inicio de año porque la tierra está a 150 millones de kilómetros del sol, lo cual es un hecho meramente casual.

Y no estoy tratando de acabar la fiesta, al contrario, la estoy haciendo grande, muy grande. La vida floreció aquí porque el planeta está a la distancia adecuada y cuenta con las condiciones adecuadas. Un poco más cerca, o más lejos, y toda esta belleza que nos rodea estaría probablemente en otro lado, pero no aquí. Estoy pues, haciendo la fiesta enorme, la estoy haciendo cósmica.

Todo lo que somos es regido por esa cantidad de kilómetros. También hay otras cosas que determinan cómo es la vida en la tierra, como la gravedad por ejemplo, pero hoy no es el día de esa fuerza, hoy es el día de la distancia que nos separa del sol, la que hace que lo que sucede allá tarde sólo 8 minutos en sentirse acá.

Hoy es el día de salir a la calle, voltear hacia arriba, recibir su cálida luz en la cara y sentir que somos parte de algo más grande que nosotros, algo muy importante… algo tan enorme como el universo y las leyes que lo gobiernan.

No importa si usamos el calendario gregoriano, o el chino, o el judío, o el maya. Todos y cada uno de ellos, en diferentes fechas, celebran una vez al año esa distancia. Es un asunto meramente relativo y circunstancial. Y sin embargo, somos como somos y nos importa lo que nos importa, simplemente porque estamos precisamente aquí, a esa distancia casual.

Tendemos a creer que se celebran los acontecimientos importantes, pero en realidad muchas de nuestras celebraciones las determina la eventualidad. Basta platicar con alguien acerca de su historia para darnos cuenta que la vida es así… Somos la suma de muchas casualidades y causalidades. Hoy celebramos una de ellas, la que nos une a todos.

Respeto a quien piense que las coincidencias son obra de un ser superior y prefiera darle un contexto religioso. Hay una palabra fantástica que resuelve todos los debates: libertad.

En lo personal, me resulta romántico celebrar lo normal, porque en cierto sentido es celebrar la vida misma.

Aquí, celebrando lo casual.

 

Juan Valles

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Tu objetivo en un proceso de entrevistas no debería ser lo que normalmente es.

Si estás en entrevistas para conseguir un mejor empleo, antes de iniciar piensa en esto: si tu enfoque no es el correcto, puedes estar adquiriendo un riesgo con costos a futuro.

Veamos primero el ángulo del entrevistador. En un enfoque muy reduccionista, para esa persona la entrevista son sumas y restas entre lo que el candidato “tiene” y lo que el puesto “requiere”. Y créeme cuando te digo que el entrevistador realmente desea que tú seas la persona que están buscando, por la sencilla razón de que ahorra tiempo. Si tú eres, ahí se acaba y esa persona puede continuar con lo que sigue.  Así que realmente desea que seas tú, pero al mismo tiempo también tiene que ser profesional y evaluar si efectivamente lo eres.

Veamos ahora tu ángulo. Una entrevista laboral, es básicamente un duelo en tu mente. Es una batalla entre responder lo que realmente eres y el “deber ser”. ¿A poco no? Te ha pasado, ¿cierto? La clásica duda, pregunta tras pregunta, a lo largo de toda la entrevista; ¿le digo lo que se supone que quieren escuchar, el “deber ser”, o le digo lo que quiero, pienso y soy? Ya lo sé, mi querido lector, siempre viene a la mente la expresión: ¡¡pero es que si le digo la verdad no me darán el empleo!! Y precisamente ahí reside un detalle que por efecto acumulativo, al final hace una abismal diferencia.

Tú puedes desear un trabajo porque representa un reto importante en tu carrera, porque es el siguiente paso en tu CV, porque la empresa es muy “cool”, o porque el puesto tiene un título muy “sexy”, o por el salario, o lo que quieras y está muy bien; pero si tu objetivo es obtenerlo, muy seguramente estarás en tu “go get it mode” y ese es el problema. La razón es que al tener ese objetivo y esa mentalidad, aquellas cosas en las que haya diferencias con el perfil del puesto las verás como obstáculos y claro, seguramente los saltarás respondiendo el “deber ser” y sí, muy seguramente obtendrás el trabajo. Que bueno y felicidades, pero esos “gaps” saldrán a la luz tarde que temprano y pagarás el costo. No estoy diciendo que te van a correr, seguramente no, pero muy probablemente a los pocos meses sentirás que tu trabajo no te satisface, que no te llena, que no es lo tuyo, que no le ves futuro a la posición o a la empresa, o algunas otras cosas; el hecho es que estarás nuevamente… en la búsqueda de algo mejor.

Por lo tanto, tu enfoque en un proceso de entrevistas debe tener únicamente dos premisas:

  1. Dejarte conocer plenamente para que el entrevistador pueda evaluar muy bien si hay “gaps”, cuáles son y si son importantes o no.
  2. Conocer muy bien el puesto, la industria, la empresa, su cultura, los jefes, los pares, los subordinados, los retos que vas a enfrentar, etc., todo, debes conocer todo.

Tu objetivo no debe ser obtener el empleo, sino averiguar si tú eres para ese puesto y si ese puesto es para ti. Y si eso se da, créeme cuando te digo que será tuyo aún y cuando no lo quieras; estarás contento, motivado y todo lo que venga, incluyendo el éxito y el dinero, serán derivativos.

Al final pensarás: “Mira que curioso, cuando te toca, te toca, no hice nada para obtener este empleo y sin embargo se dio y estoy feliz”.

 

Juan Valles

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Marínelo usted en…

No me gustan los programas de cocina que son concursos en los que se obtiene a un ganador al final de un proceso de dramática eliminación. Hay por supuesto muchas variantes, pero en general, estas son sus características: existen reglas, hay jueces o árbitros, hay un límite de tiempo y se presentan restricciones en cuanto a los ingredientes que puedes usar, o el presupuesto, o el tipo de platillo que puedes preparar y un largo etcétera.

Hombre, hasta cierto punto suena razonable puesto que se trata de probar las habilidades de los participantes, pero yo sinceramente me resisto a la idea de mezclar los deportes con la cocina y rechazo aún más el hecho de que domine el show de la competencia sobre el arte de cocinar. Nada más alejado del deber ser y voy a usar una receta para tratar de describirlo.

Mire usted, para esta preparación, primero que nada necesita poner música de Manzanero y ponga de las más románticas, es más, ponga “Somos Novios”; empecemos por ahí. Tome un chile ancho, quítele las semillas, córtelo en pedazos pequeños y lo pone a remojar en salsa de soya. Esa es toda su tarea por hoy; tómese un traguito de Xtabentún y a dormir… deje que la noche arrope el amor de estos dos.

A la mañana siguiente… felicidades, ha creado usted una china poblana… Ahora cásela con un veracruzano, agregue una o dos cucharadas de piloncillo molido de Cuitlahuac, o la cantidad que le diga su instinto; si usted ya se ha enamorado sabrá muy bien cuanto. Espere a que se conquisten, y mientras, siga deleitándose con la música de Manzanero y acompáñela de un café, por supuesto, de Veracruz, que estamos en una boda, y esa explosión de aromas no podría faltar.

Y ahora, la casa del matrimonio; pondremos a esta china poblana casada con veracruzano en una casita de pueblo Azteca localizada en tierras mayas. El nido estará hecho de ramas de orégano del Estado de México que es el mejor del mundo, así que tome a los recién casados, póngales la hierba fresca y resídalos en achiote con jugo de naranja agria y salsa de chile habanero; el mismísimo ADN yucateco.

Bañe con estas historias entrelazadas unas pechugas de pollo y espere unas horas. ¿Cuantas? Las que sean necesarias; no importa, su corazón se lo dirá. Aquí no hay prisa; esto es una historia que usted crea y le da los tiempos que usted quiere porque es suya y de nadie más. Sírvase un tequilita, y si puede, hágalo en el mismo vaso del anís de anoche, porque el Xtabentún es uno de esos espíritus que siempre dejan su aroma por donde quiera y en este caso podrían muy bien adornar la violencia del tequila. Siga disfrutando de su música Manzanérica. ¿Qué le parece la de “Adoro”?

Cuando ya sepa que su historia está lista, cocínela en la parrilla, o en una sartén, o en el comal o en donde sea y taquéela como quiera y con lo que quiera… saldrá bien; es inevitable.

Tacos de pollo marinado en una historia de amor mexicana.

Y ahora, mi querido lector, permítame decirle que esa receta no la he preparado todavía; sólo me la he imaginado y es apenas un invento en proceso. Así es, pero ya tengo la lista del súper para el fin de semana ¿no cree usted? Cuando esté comprando las cosas las iré olfateando una a una y eso me irá indicando el camino. Y cuando regrese a casa y ponga a Manzanero sentiré emoción de saber que estaré haciendo novios a la china y al poblano y que luego casaré a su hija con el veracruzano y les haré su casita Azteca en territorio Maya… y así… iré creando todo lo que me imaginé y sé muy bien cual será el desenlace de esta historia de amor; los míos estarán junto a mi en la mesa… saldrá bien; es inevitable.

La cocina no se puede concebir sin el contexto ni se puede desligar de la cultura; es una suma de eventos; es un entrelace de historias sin tiempos y sin límites.

Cocinar es imaginar, vivir y realizar; es un viaje cuyo destino… es el viaje.

 

Juan Valles

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Así es cómo es.

Primero, me gustaría invitarte a ver este video; son 3 minutos y te va a sorprender.

Bobby McFerrin at the World Science Festival

Es correcto, experimento tras experimento han demostrado que por alguna razón la música está en nosotros, la entendemos intuitivamente y de alguna manera cientos de personas se pueden sincronizar y entonar casi instantáneamente. ¿Cómo sabemos que nota es la que sigue si la absoluta mayoría de nosotros no recibió entrenamiento musical?… Es increíble.

Pero hay algo que a mi me sorprende aún más y es esto: no hay nadie en el mundo a quien no le guste la música. Ciertamente hay algunos tipos o estilos que no son nuestra predilección y hay autores, interpretes o grupos que hasta de mal humor te ponen, pero el hecho innegable es que no hay nadie en el planeta que diga: “a mi no me gusta la música, ninguna” (excepción hecha de alguien que pueda tener un problema psicológico). La música no sólo nos gusta, sino que literalmente nos mueve; nos hace expresar, cantar, bailar y en ocasiones hasta brincamos eufóricamente. Las notas causan profundos y evidentes cambios emocionales en nosotros, ¿quien no ha llorado alguna vez con una rola? A veces ha sido por un sentimiento de tristeza y en ocasiones ha sido derivado de una alegría intensa; pero el hecho es que todos hemos experimentado estos cambios de ánimo. La música nos hace vibrar de alguna forma, siempre.

Y lo mismo pasa con la comida. No hay nadie en el planeta que diga que no le gusta comer y los alimentos también nos causan todo tipo de emociones. Hay veces que comes algo y sientes que tocas el cielo, hay platillos con los que viajas en el tiempo a cuando tu mamá te cocinaba, hay otros que literalmente huelen a la abuela, hay comida que es feliz y otra que es violenta. Hay comidas para ocasiones muy esporádicas y hay platillos que de plano son adictivos. Hay preparaciones frescamente playeras y hay cocina que es calurosamente reconfortante para esos días de invierno. Son incontables los tipos y estilos, pero las emociones siempre están ahí. Es verdaderamente gigante nuestra pasión por comer y a veces hasta desproporcionada y fuera de control; basta recordar esas múltiples ocasiones en las que ya estás satisfecho con un estupendo manjar, pero sigues comiendo simple y sencillamente porque NO PUEDES PARAAAAR!!!

Y lo que yo veo en todo esto es que, de la misma forma en la que en la música sabemos que nota es la que sigue, también a la hora de comer sabemos que sabores combinan, los que funcionan y los que no. No es algo que realmente podemos explicar, pero definitivamente hay algo que nos dice “que rollo”. Y seguramente lo has experimentado, mi querido lector, ¿a poco no? Hay sabores que, al igual que las notas musicales, parece que fueron hechos el uno para el otro; como por ejemplo las papas y el romero, los huevos y el chorizo, duraznos y cottage, tortillas y frijoles, el mole y el ajonjolí….  Ya seeé, se te hizo agua la boca, ¿a poco no? JAJAJA!!! Lo entiendo, mi querido lector, a mi también.

Ahora, hagamos el mismo experimento; te iré diciendo elementos y tú ve imaginándolos. ¿Listo? Bueno, va: Jalapeño… cebolla… tomate… cilantro… limón… aguacatito… tostadita… salecita…  pa’dentro… tequilita… jugo de limón… sangrita de la casa…. venga de ahí!!! ¿Y que tal esta? Ajo… berenjena… pimiento… tomate…olivo… balsámico… albahaca… focaccia… vino tinto…  salute!!! ¿Y esta? Churro… azúcar… canela… chocolate… chopeo… mmm!!! Una más: Tortilla… guacamole… queso fundido… carne seca… salsita molcajeteada…. mordida… cheve… salucita!!!

Siempre supiste que era lo que seguía ¿o no? JAJAJA!!! Claro, ahí está demostrado que ya sabes todo lo que tienes que saber. Lo básico, lo primordial, lo esencial, lo fundamental… ya está en ti, aunque no quieras.

Felicidades, ya sabes cocinar. El resto… sólo es tiempo. Comienzas guiado por tu instinto y si no sale, ya saldrá mejor a la siguiente.

Así es cómo es; le vas dando hasta que cocinas como Escoffier y haces música como Beethoven… o hasta que eres el Beethoven de la cocina.

Así es cómo es.

 

Juan Valles

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No te imaginas de lo que estamos hechos.

Sabemos que todo está hecho de átomos, ¿correcto? Y de acuerdo a lo que nos enseñaron en la escuela, son una especie de sistema solar en miniatura: protones y neutrones agrupados en un núcleo central y electrones girando alrededor. Fine, pero veamos ahora más de cerca, hablemos de su tamaño, pero no sin antes pedirte un poco de paciencia para el siguiente párrafo, mi querido lector.

Hay átomos de diferentes tamaños, dependiendo del número de protones, neutrones y electrones que tengan, pero un buen promedio es 100 picómetros. ¿Y qué es eso? Pues mira, si tomas un metro y lo divides en 1000 obtienes un milímetro, si tomas ese milímetro y lo divides otra vez en mil obtienes un micrón, si tomas ese micrón y lo divides un millón de veces obtienes un picómetro. Tomas 100 de esos y listo, eso mide en promedio un átomo. Pequeñas pelotitas de 100 millonésimas de millonésimas de metro ¿y de eso está hecho todo esto? Resulta difícil de creer ¿no? Pero espera, porque su núcleo es aún mucho más chico, es de hecho entre diez y cien mil veces más pequeño, dependiendo del tipo de átomo. No te me pierdas, mi querido lector, tenía que poner las cifras oficiales. Aguanta un poco más, te prometí una sorpresa y lo voy a cumplir. Hagamos ahora una comparación con algo que sí podamos imaginar.

Si el núcleo de un átomo fuera más o menos del tamaño de una pelota de tenis, los electrones serían digamos del tamaño de un grano de arena, pero lo verdaderamente inquietante es la distancia a la que estarían, porque esa distancia sería entre 500 y 5000 metros.

A ver, más despacio, pongamos un ejemplo real. Los números no son exactos, pero es para darnos una idea. Digamos que para hacer un átomo de fierro a una escala de la vida diaria, tomas 26 protones, unos 30 neutrones, los amontonas y eso sería del tamaño de una bola de tenis, luego tomas 26 granos de arena, caminas 500 metros de distancia y los empiezas a esparcir entre ese punto y 5 mil metros. Para ponerlo en perspectiva, 500 metros son 5 canchas de futbol y 5000 son 50. ¿Te gusta usar 25 como promedio?

Trata de imaginarlo, ¿cómo puede una pelota de tenis ejercer fuerza y control sobre 26 granos de arena que están a 25 canchas de futbol de distancia? ¿A través de qué se transmite esa fuerza? y ¿qué hay en medio?

Espacio, esa es la respuesta, espacio vacío… y eso… eso es lo verdaderamente sorprendente. Si tomaras la torre Eiffel y le quitaras todo el espacio que hay en los átomos que la conforman, te quedarías con algo así como un grano de arroz… Y tú pensabas que era de acero, ¿verdad? Para darle su justa dimensión, toda esa enorme torre y todo lo demás que ves a tu alrededor es 99.999…etc.% vil espacio.

Todo este rollo que te rodea, todo lo que has tocado y tocarás, todo lo que has experimentado y experimentarás, todo lo que has ingerido y disfrutado, sea aquel aire que respiraste a todo pulmón en una fresca mañana, aquél fantástico y aromático vino, aquel tierno filete que comiste, aquella persona que abrazaste, todo, todo, es en su absoluta mayoría… espacio. La siguiente vez que toques o sientas algo, piensa en eso. La siguiente vez que el viento mueva tu cabellera, piensa en eso. La siguiente vez que te veas al espejo, piensa en eso. Eres y, somos todos, vil espacio.

¿Pero cómo es que algo tan “vacío” puede hacer… tanto? Si efectivamente es espacio, ¿cómo es que mi mano no puede atravesar el acero de la torre Eiffel? ¿Por qué se siente tan sólido y resistente? ¿Por qué todo esto que me rodea se siente tan real?

¡¡Aaaah!!… Ahí, mi querido lector… Ahí está precisamente la belleza. En las cuestiones atómicas no importa todo ese espacio entre las partículas, ya sean las 25 canchas de futbol entre electrones y núcleo, o las otras tantas que habría entre ese átomo y su vecino; lo fundamental es como interactúan entre ellas. Ese acero es tan resistente porque los átomos de fierro que lo conforman están enlazados unos con otros de tal forma que para que tu mano pudiera atravesarlos tendría que romper billones de esos enlaces. No son las partículas, no es su tamaño, ni tampoco todo el espacio que hay en medio… son las interacciones entre ellas.

La siguiente vez que toques una piedra no pienses en que es aburrida y no pasa nada con ella, piensa en todos los billones y billones de interacciones que están sucediendo entre sus átomos para que tú puedas sostenerla y no se te escurra entre los dedos. La siguiente ocasión que te mires al espejo no pienses que estás vacío, ni que estás hecho de átomos, porque realmente no lo estás, piensa que estás hecho de las interacciones entre ellos.

La naturaleza es absolutamente sorprendente por donde la quieras ver. Si te das el tiempo de mirar con detenimiento, en donde busques vas a encontrar elegancia y belleza. Es una maravilla que no sean “cosas” las que me hacen a mi, sino que las interacciones entre “cosas” sean las que me hacen ser… yo. Es una maravilla que gracias a esas interacciones entre átomos no sea capaz de atravesar la mecedora y pueda sentarme, tomar un té y llover… ver. Es una maravilla que los átomos de las fibras que hacen esta cobija estén ocupados interactuando para que el frío no pase y pueda confortablemente… estar. Es una maravilla el simple hecho de… ser. Es una maravilla que los átomos de mi mujer interactúen de esa manera tan… sinfónica.

La siguiente vez que pienses en el mundo y sus problemas, mejor piensa en átomos y medita en esto: entre más sólido y resistente es un material, más interacciones hay entre sus constituyentes. Entre más sólida y resistente es una sociedad, más interacciones están pasando entre sus constituyentes.

Curioso.

 

Juan Valles

Si te interesa leer más sobre átomos, te recomiendo aquí mismo en este blog “El Fuego… Amor Atómico” y “Dios No Creó Los Átomos”

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